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Reportaje / La edad de la ira

José Luis Arellano dirige a La Joven Compañía en la adaptación teatral de la aclamada novela de Fernando J. López, un thriller intimista dramatizado por él mismo

Conde Duque

Por Álvaro Vicente

 

Si algún día la sociedad logra sacudirse ciertos tópicos referentes a la adolescencia (la edad del pavo, gente inestable, no hay quién los entienda...), Fernando J. López sin duda habrá tenido algo que ver. Pocos como él conocen a los jóvenes de hoy y pocos como él han sabido elevar a literatura su día a día en las aulas. Ha sido su profesor y, muchas veces, receptor de confesiones que nadie más ha recibido, y eso es porque, sin dejar de jugar su rol de profesor, ha sabido dar confianza y ha otorgado visibilidad, compromiso y denuncia a los chavales que sufren por homofobia, por transfobia, por bullying, por racismo, por machismo, por desestructura familiar, por pobreza.

 

Pocos como él han cartografiado tan bien nuestro sistema educativo, con sus carencias y sus bondades (y hasta le ha sacado punta humorística en el libro Dilo en voz alta y nos reímos todos, publicado por la editorial Martínez Roca en 2016). Todo esto se vio claro en el montaje de #malditos16 que estrenó hace dos meses en el Centro Dramático Nacional. Y, sobre todo, se vio en su novela La edad de la ira, finalista del Premio Nadal 2010, que ahora llega al teatro tras una reescritura para la escena. Como él mismo explica, en la obra teatral se ha girado la perspectiva de la novela: “en la novela conocíamos a los adolescentes a través de las voces de los adultos y aquí conocemos a los adultos a través de los adolescentes”. Como protagonistas que son, esos adolescentes no podían encontrar mejor manera de saltar a las tablas que a través de la interpretación de los actores y actrices de La Joven Compañía.

 

 

En busca de una identidad 

La historia se presenta como un thriller a partir de la vivencia de Marcos (16 años), que ha visto cómo se siembra la tragedia en su familia con el asesinato de su padre. “El thriller me gusta mucho como género -dice Fernando-, pero mis thrillers son de introspección, son intimistas, me interesa la pregunta de qué ocurrió, porque me lleva a la pregunta de cómo somos. La clave no es saber quién mató a... sino si llegaríamos a ser capaces de matar a alguien y por qué. Ese por qué lo hizo, qué sintió al hacerlo, es intimista y por tanto teatral, porque es indagar en el alma de un personaje.” En esa búsqueda de respuestas aflora otra búsqueda, la de la identidad de Marcos y sus compañeros del instituto. Como indica Álex Villazán, el actor que da vida al protagonista, es una búsqueda muy hamletiana: “el ser o no ser es el día a día en la adolescencia”.

 


El aula como reflejo social

Este retrato de la adolescencia nos refleja como sociedad, porque los jóvenes, a esas edades, pasan la mayor parte de su tiempo en el instituto. Fernando J. López no desaprovecha la oportunidad para hacernos ver que ese microcosmos cargado de futuro tiene un presente tan desdibujado como la propia sociedad, “una sociedad donde cuesta mucho encontrar nuestro lugar, donde es muy difícil reinventarse. A estos jóvenes les están robando opciones entre recortes, reajustes y ataques constantes a la educación”. Por eso esta historia es una oportunidad única para, como apunta el director del proyecto de La Joven Compañía, David R. Peralto, usarla para la educación en valores y vencer, de paso, esa desafección de los jóvenes con el teatro, fruto de la fractura que hay en España entre el sistema cultural y el educativo. "Esa fractura la hemos provocado por la desaparición de los contenidos de Humanidades y la pérdida de libertad de los creadores en el sistema cultural; hacer puentes entre estos dos sistemas es fundamental sobre todo para el profesorado, porque tiene en la cultura la principal herramienta de educación en valores, por eso es muy importante posicionar La Joven Compañía en las coincidencias de la misión del proyecto, contra la homofobia, contra el machismo, por la diversidad, contra la violencia, y esta obra cumple todos esos requisitos. Y además, como docente, que lo soy, me parece que para los adolescentes va a ser un espejo con el que ayudarles a desenmarañar ese universo amorfo emocional en el que están metidos, y necesitan jugar con historias, poder trabajar sobre eso mismo. Les va a ayudar mucho verse ahí. Y para los adultos va a ser una especie de mirar por el ojo de la cerradura y poner luz sobre un universo incomprensible que tenemos en un rincón porque total, no se entiende."

 

En definitiva, y como dice Fernando J. López, "es una obra que puede ayudar a los adolescentes y a los adultos a atreverse a ser quienes quieran ser", y de paso, añado, acercar estas dos edades que tan de espaldas viven tantas veces, llevar a esa relación entre edad adolescente y edad adulta a un acercamiento tirando de otro de los grandes temas de la función, la amistad. "Es una obra que habla del equipo -continúa Fernando-, de trabajar juntos, de colaborar, de escucharnos, de mezclar, del mestizaje y de cómo estamos en una sociedad que tiende a lo contrario, a levantar muros, vallas y evitar que nos mezclemos, que nos juntemos y nos sumemos. Es una obra sobre la suma como una de las formas de vencer la ira. El amor frente a la ira". 

 



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