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Reportaje / Billy Budd. 100% Masculino

La de Benjamin Britten es una de las óperas más esperadas e interesantes de las que se verán este año en el Teatro Real

Real

Por Miguel P. Valiente   (Fotos: Javier del Real)

 

Siguiendo el éxito cosechado por El holandés errante, desde el 31 de enero y durante diez funciones el Teatro Real ofrecerá el esperado estreno madrileño de Billy Budd, otra obra de temática marina y, sin duda, la ópera más interesante de las que se van a ver esta temporada en el coliseo madrileño.

 

Aunque el protagonista de la obra es el joven Billy Budd el verdadero foco del trabajo se encuentra en el dilema moral al que se enfrenta el capitán Vere, forzado a escoger entre salvar a un hombre al que sabe inocente o cumplir las reglas a las que, en su calidad de máxima autoridad del navío, se halla sometido.

 

Esta obra de extraordinaria calidad dramática y profundo simbolismo, tiene la inusual característica de estar compuesta exclusivamente para voces masculinas. También es original por el hecho de haber llevado a los escenarios operísticos una temática tan poco habitual como es la forma contradictoria en la que cada uno de los personajes principales, Vere y Claggart, administran la pulsión homosexual que sienten hacia el encantador Billy Budd.

 

Por otro lado este triángulo representa la más que limitada capacidad de influencia del ser humano (Vere) en la lucha eterna entre el bien (Billy) y el mal (Claggart).

 

 

Argumento

1797. Buque de guerra británico HMS Indomitable navegando cerca del Finisterre francés.

 

La acción tiene lugar durante las guerras con la Francia Revolucionaria en un clima enrarecido por el miedo de la oficialidad a que las nuevas ideas que llegan del continente promuevan motines entre untas tripulaciones que en buena medida han sido reclutadas a la fuerza.

 

La ópera comienza con un prólogo en el cual el capitán Edward Fairfax Vere (nombre que se podría traducir como Edward Bienhechor y Veraz), ya anciano al que vemos reflexionado sobre unos eventos ocurridos años atrás. El personaje dice haber buscado siempre la verdad eterna y reflexiona sobre el hecho de que en este mundo todo lo bueno presenta algún defecto, nunca es completamente perfecto.

 

John Claggart, contramaestre, es el encargado de asegurar el orden entre la tripulación del buque, tarea a la que se dedica con violencia y crueldad.

 

El statu quo se rompe cuando suben a bordo tres marinos reclutados a la fuerza en un barco mercante llamado «Rights o’ man» [Derechos del hombre], No hay nada destacable en los dos primeros pero el tercero –Billy Budd– es un joven apuesto de carácter bondadoso que, a pesar de ser huérfano y analfabeto, cautiva a todos por su buena disposición e inocencia. La ingenuidad y bonhomía del muchacho hacen que tartamudee ligeramente cuando se siente inseguro o nervioso. El oscuro Claggart no es insensible a la luz que irradia el recién enrolado gaviero pero su retorcida psicología le conmina a buscar su destrucción. Será el propio Budd quien le dará un motivo de sospecha al mencionar, en tono de apasionada despedida, el nombre de su anterior navío, el «Rights o’ man» [Derechos del hombre]. En un clima político tan enrarecido la sola mención de los derechos humanos convierten a Budd sospechoso de rebelión.

 

Claggart comienza a tejer los hilos de la trampa en la que ha de caer el joven Billy culpable únicamente de una hermosura que el contramaestre percibe inalcanzable. Primero envía a Squeak a hurgar en las pertenencias de Billy para averiguar si tiene algo que le pueda incriminar. Billy sorprende al fisgón y le detiene. Un veterano afecto al muchacho, Dansker, se percata de las intenciones de Claggart y le advierte pero éste por su ingenua bondad rechaza las acusaciones hacia el contramaestre por quien cree ser estimado. El siguiente paso de Claggart es enviar a un novicio para que intente sobornar a Billy para que apoye un supuesto motín a lo que el marino se niega completamente.

 

A pesar de que la lealtad de Billy está fuera de toda duda , Claggart se dirige al capitán Vere para acusar al joven Budd de intento de sedición. El capitán convoca a Billy para que se defienda de la acusación. Cuando el muchacho descubre el motivo por el que se le acusa, abrumado por el estupor apenas puede balbucear, frustrado derriba a Claggart de un puñetazo con la mala fortuna de que el contramaestre cae muerto.

 

Siguiendo las leyes de los buques de guerra, Billy es juzgado por un consejo de guerra. A pesar de que todos saben que el muchacho es inocente del cargo del que se le acusa y que la muerte de Claggart ha sido un desafortunado accidente, el capitán Vere no le defiende y mantiene una postura neutral. El joven resulta condenado a muerte.

 

En la vigilia de su muerte tiene lugar el gran monólogo de Billy, “Billy in the darbies” [Billy esposado], que finaliza cuando el bueno de Dansker entra en escena para consolar a Billy con bebida y galletas (en una clara referencia a la eucaristía).

 

A la mañana siguiente Billy, cuyas últimas palabras son una suerte de bendición hacia Vere, muere ajusticiado mientras que la tripulación, ahora sí, lanza un amenazante murmullo de rebelión.

 

En el epílogo, el anciano Vere, sigue reflexionando sobre por qué falló a Billy pero reconfortado con el hecho de que las últimas palabras de éste fueran, en cierto modo, una bendición y una promesa de perdón.

 

 

Antecedentes históricos

En 1797, el año en que Billy Budd tiene lugar, la armada británica se vio afectada por una de revueltas que pusieron en jaque la estabilidad del Reino Unido en unos momentos políticamente delicados ya que el país se hallaba en guerra con la Francia revolucionaria. El más importante de ellos fue el llamado “Gran motín del Nore”, un estuario en los márgenes del Támesis donde solía atracar la flota británica. Este motín que movilizó a miles de marinos, se debió a las duras condiciones que debían soportar los marinos: raciones escasas, salarios insuficientes que se recibían de forma irregular, disciplina brutal y otros abusos. Este levantamiento se produjo emulando otro que se había producido un poco antes, el motín del Spithead, un ancladero cerca de Portsmouth, en el que las tripulaciones de 16 buques se levantaron en contra de los abusos.

 

Por supuesto, las autoridades británicas, temieron que estos motines pudieran encender la mecha de levantamientos generalizados que llevasen a una verdadera revolución como la que se estaba viviendo en Francia. No en vano para mucho el ensayo Rights of Man [Los derechos del hombre] de Thomas Paine fue un signo alarmante de las peligrosas ideas que llegaban a las islas procedentes de un país con el que el Reino Unido estaba en guerra.

 

Melville, supo plasmar en su novela la histeria y desconfianza con la que, a partir de los incidentes del Spithead y el Nore, la oficialidad analizaba el comportamiento de las tripulaciones viendo signos de rebelión en cualqueir acto de la vida normal. La aversión a las “peligrosas” ideas de Paine está bien plasmada en el fatal malentendido que involuntariamente provoca Budd cuando hace mención al nombre de su anterior barco mercante, “Los derechos del hombre”.

 

Otro de los elementos que aparecen en la obra, la atracción que provoca el joven Budd en el capitán Very y en Claggart pudo tener su antencedente en un incidente que tuvo lugar en el HMS St Georges en 1798. Dos tripulantes fueron acusados del delito de sodomía. En el pasado este asunto se habría resuelto desembarcando sin honores a los culpables. Pero en el enrarecido clima tras los motines, esta actitud fue interpretada también como una amenaza a la autoridad y ambos marineros fueron colgados.

 

Otro antecedente más inmediato para el autor, Herman Melville (1819 – 1891), fue el motín del USS Somers que tuvo lugar en 1842 y de la que Melville, por aquellos años se encontraba sirviendo en la fragata USS United States. tuvo conocimiento directo ya que era primo de uno de los protagonistas, el teniente Guert Gasevoort. Este motín se saldó con el ahorcamiento de tres oficiales que aparentemente habían conspirado para hacerse con el control de la nave, un bergantín de la armada de los Estados Unidos, para dedicarla a la piratería.

 

 

La novela

Para el huérfano Melville la vida en el mar y especialmente su paso por la armada le permitieron formarse como persona, además de encontrar una fuente inagotable de inspiración para muchos de sus trabajos entre las que destaca su obra maestra Moby-Dick (1851). Testimonio de esa gran influencia en su vida es la hermosa dedicatoria que firma Billy Budd dirigida a su capitán en el USS United States con quien navegó de Honolulu hasta Boston entre agosto de 1843 y octubre de 1844: «Dedicado a Jack Chase, Inglés, donde quiera que se halle hoy ese gran corazón, ya sea aquí, en la Tierra, o en el Paraíso, capitán de gavia en el año 1843, en la fragata norteamericana United States». Parece ser que Melville se inspiró muy directamente en Chase para el personaje de Budd. Chase como Budd era un hombre apuesto con un único fallo, si Budd sufría un ligero tartamudeo nervioso, la mácula de Chase era la pérdida de un dedo de la mano.

 

Cuando Melville comenzó a escribir Billy Budd su vida en el mar había acabado cincuenta años atrás pero, a tenor de lo vívido de sus descripciones, la impresión de aquellos años seguía viva en su cabeza. Melville llevaba más de treinta años sin escribir novela centrado en una producción poética no especialmente sobresaliente. En los últimos años de su existencia la vida le había traído más sinsabores que alegrías. Había perdido a sus dos hijos varones (uno de ellos se había suicidado con apenas 18 años); su esposa se había alejado de él y sus hijas tenían le trataban con distancia y frialdad. Por otra parte su precaria situación económica le había obligado a aceptar un trabajo alienante como empleado de aduanas lo que le habían apartado de la narrativa durante décadas hasta que pudo retirarse gracias a una herencia. Además arrastraba un historial de depresión crónica y tuvo que enfrentarse a varios intentos de su familia política para declararle incapaz por demencia. Poco quedaba de sus éxitos de juventud como novelista, desde 1876 ninguna de sus novelas había vuelto a ser reeditada y durante la última década de su vida tres de sus novelas, incluyendo Moby-Dick, estaban descatalogadas.

 

Billy Budd, escrita durante los tres últimos años de vida de Herman Melville exhala un pesimismo inexistente en sus primeras obras. El germen de la novela fue el poema en forma de balada de apenas 32 versos titulado Billy in the darbies [Billy esposado] que presentaba la escena de la noche previa a la ejecución de un marinero bastante mayor que el Budd de la novela. Ese poema, con una breve introducción en prosa, debería haber sido parte de su antología John Marr y otros marineros. Por algún motivo Melville se animó a desarrollar la historia y darle forma de novela. La pieza original sufrió tres procesos de expansión correspondiendo cada uno de ellos con uno de los personajes principales: Billy, el contramaestre Claggart y el capitán Vere.

 

Durante esos años Melville corrigió una y otra vez esta novela breve cuyo manuscrito inconcluso a su muerte, acaecida el 28 de septiembre de 1891, acabaría olvidado en una caja de latón durante otros treinta años.

 

Solo a partir de la rehabilitación del autor y, sobre todo, del descubrimiento por parte de la crítica del inmenso valor artístico de Moby-Dick, los editores se empezaron a interesar por esta novela póstuma que sería finalmente editada en 1924. Se trata de una evocadora novela de extraordinaria complejidad a pesar de su brevedad constituye, sin duda, uno de los más destacados trabajos de su producción literaria en la que la pulsión homoerótica atraviesa un texto en el que es fácil reconocer influencias tales como las Sagradas Escrituras o el Paraíso Perdido de Milton.

 

En ese sentido, algunos de los aspectos de la inmolación de Budd tienen un paralelismo más que evidente con la figura de Cristo. El sacrificio de Billy, como el de Jesús, está predeterminado aunque ambos sean inocentes de lo que se les acusa. De hecho, la ejecución de Billy, colgado del palo mayor, tiene resonancias con la Crucifixión. Lo mismo ocurre con las últimas palabras de Billy Budd (exonerando al capitán que permite su muerte) y las últimas palabras de Cristo en la cruz perdonando a sus asesinos.

 

Tampoco es desdeñable la identificación de una solitaria nave surcando con la propia historia de la humanidad. Dentro de ese universo pesimista la inocencia se confronta con un entorno injustamente hostil y aunque es aniquilada, de su sacrificio surge un cierto tipo de redención.

 

 

El libreto

Edward Morgan Forster, el autor de conocidas novelas como A Room with a View [Una habitación con vistas], Howards End y A Passage to India, [Pasaje a la India] había ya analizado la última novela del Melville en su ensayo, Aspects of the Novel [Aspectos en la novela]. Es por esto que resulta bastante lógico que cuando Britten, que conocía el deseo de Foster de hacer el libreto de una gran ópera, al mencionarles a él y al dramaturgo Eric Crozier la posibilidad de crear un texto sobre la última novela de Melville, Billy Budd, Sailor [El marinero Billy Budd], él aceptase encantado.

 

La primera reunión entre los dos libretistas y el compositor tuvo lugar en enero de 1949 en la casa de Britten en Aldeburgh frente al mar. Ya en aquella ocasión se determinó que el texto estaría enmarcado en con un prólogo y un epílogo en los que el capitán Vere, como anciano, reflexionase en el primero sobre los acontecimientos que habían tenido lugar años atrás y en el segundo reconociera que Billy le había salvado con su postrera bendición. También se tomaron otra decisión importante, el papel principal de tenor no sería, como podría resultar lógico, para el inocente Billy sino para el capitán Vere, ya que este rol se ajustaba perfectamente a la edad y físico de Peter Pears el compañero sentimental de Britten.

 

Los libretistas se tomaron entonces unas semanas para recabar información sobre la obra y los elementos históricos, volviéndose a encontrar en Aldeburgh en marzo donde trabajaron mano a mano durante quince días pudiendo, al final, presentar un borrador del libreto al compositor. Foster explicó que el tratamiento de Claggart fue fácil porque su naturaleza depravada recordaba bastante al Iago del Otello de Verdi. Al igual que Boito había creado un  shakesperiano monólogo para Iago, Foster escribió un monólogo para Claggart, O beauty, o handsomeness, goodness!, en el que hace una semblanza de la diabólica disposición del contramaestre. Ya que nunca podrá consumar su deseo hacia Billy, la reacción “lógica” de un ser tan depravado es buscar su destrucción. Foster consideró que esta pieza era su aportación más importante al texto y se sintió frustrado cuando escuchó por primera vez la música de Britten para este pasaje porque consideraba que no transmitía toda la pasión, la pulsión sexual contenida y la perversión de Claggart.

 

El próximo encuentro del equipo se produjo en el verano de aquel mismo año pero en esta ocasión Britten sería el que llevase la voz cantante aportando su instinto dramático-musical a la definición de la estructura del libreto que una vez finalizado iba musicar. El libreto definitivo, muy fiel a la novela de Melville, con la primera versión en cuatro actos, estuvo listo a principios de 1950, momento en que Britten comenzó con la composición de la música.

 

En 1949 cuando Britten aún no había comenzado la composición de la música el compositor italiano Giorgio Federico Ghedini estrenó su ópera de un acto, Billy Budd, en el Festival Internacional de Venezia. Aunque este hecho alteró momentáneamente a Britten, este trabajo no tuvo ninguna repercusión y pronto fue olvidado.

 

En 1960 Britten, aprovechando la grabación de la ópera para la BBC, intervino en el libreto eliminando la última escena del primer acto y comprimiendo la estructura de forma que se e pasó de los cuatro actos de la primera versión a los dos de la versión definitiva.

 

 

La música

Después de la Guerra Mundial, Britten era consciente de las limitaciones de las instituciones para estrenar obras nuevas de gran escala, por eso, con excepción de Peter Grimes, sus creaciones de aquel periodo toman invariablemente la forma de óperas de cámara: The Rape of Lucretia [El rapto de Lucrecia], la ópera cómica Albert Herring y The Beggar’s Opera [La ópera del mendigo], todas ellas compuestas para el English Opera Group. Esta tónica se rompería con Billy Budd que sería compuesta para el escenario de la Royal Opera House. Britten usa en Billy Budd la mayor orquesta de su carrera operística (destaca el uso de cinco percusionistas) lo que le permite desencadenar una gran potencia musical en aquellos pasajes de la partitura donde es necesario el despliegue de fuerza. Sin embargo, la orquestación se acerca más a las texturas más sencillas propias de la orquesta de cámara. Britten aprovecha al máximo los recursos de esta estructura incluyendo desde conmovedoras escenas en las que el protagonista es un único instrumento, por ejemplo en el aria final de Billy, a escenas corales de gran complejidad y grandeur como en la escena de la batalla contra los franceses.

 

Billy Budd cuenta con alguna de las melodías más asombrosas de toda la producción de Britten con fantásticas piezas corales como la que abre la ópera después del prólogo O heave! O heave away, que evoca la atmósfera de la vida en la mar. No en vano y al igual de lo que ocurre en Peter Grimes, el mar está presente en cada compás de la partitura y es que el elemento marino supuso para Britten una extraordinaria fuente de inspiración.

 

Nada desdeñable es el desafío que representa el hecho de que Billy Budd sea una ópera compuesta –por primera vez en la historia– solo para voces masculinas. En ese sentido, Britten demostró su maestría compositiva al conseguir dotar de color y variedad a una línea vocal exclusivamente interpretada por los registros de tenor, barítono y bajo. Parte de ese logro se debe a su pericia en el uso de los metales y los instrumentos de viento-madera.

 

Algunos autores han señalado que, si bien parte del atractivo de la ópera se debe a la extraordinaria dramaturgia llena de momentos de intensidad abrumadora, la música de Britten no sólo consigue igualar la emoción de esos momentos sino que consigue potenciarla desbordando el impacto de cada escena.

 

Para muchos, Billy Budd no solo está al mismo nivel que Peter Grimes, sino que, en ciertos aspectos, es un trabajo superior a aquél. En cualquier caso, no hay duda de que se trata de una las mejores creaciones operísticas del siglo XX. Hay que advertir, eso sí, que para el espectador es una ópera exigente porque la tensión dramática y la potencia de la música se relajan en ningún momento. Por otro lado, es indudablemente una ópera difícil para los intérpretes no anglosajones porque, al margen de su intrínseca dificultad técnica, en muchos momentos la música se acerca al género del musical ajeno a nuestra cultura.

 

 

Estreno mundial

El estreno de Billy Budd tuvo lugar como parte de la programación del «Festival of Britain» en la edición de 1951 y de hecho hasta hoy en día sigue siendo el encargo del British Arts Council para este festival que más éxito ha cosechado. El estreno tuvo lugar en el Covent Garden de Londres el 1 de diciembre de 1951 con un reparto formado en sus principales roles por el tenor Peter Pears en el papel del capitán Vere, el barítono Theodor Uppman como el joven Budd y el bajo Frederick Dalberg como el malvado contramaestre John Claggart.

 

El estreno fue un éxito apoteósico y el reparto tuvo que salir a saludar 17 veces. Theodor Uppman recibió enormes elogios.

 

En 1960, con la excusa de una retrasmisión de la ópera por la BBC,  Britten revisó la partitura significativamente y cambió la estructura pasando de cuatro a dos actos.

 

La nueva versión fue emitida por la BBC el 13 de noviembre de 1961 y el 09 de enero de 1964 fue representada en el Teatro del Covent Garden.

 

 

Estreno en España

El estreno en España tuvo lugar en el Gran Teatro del Liceo el 26 de enero de 1975 con un reparto y orquesta completamente británico.

 

Billy Budd, volvió al Liceo en 2001, dirigida musicalmente en esta ocasión por Antoni Ros Marbà, 26 años después de su estreno en Barcelona y en el año en que se conmemoraba el 25º aniversario de la muerte del compositor.

 



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