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Reportaje / La flaqueza del bolchevique

David Álvarez ha adaptado para el teatro la novela de Lorenzo Silva, en una obra protagonizada por Adolfo Fernández y Susana Abaitua

Luchana

Por Sergio Díaz

 

La flaqueza del bolchevique fue el comienzo de muchas cosas. Y la consecuencia de otras. Para Lorenzo Silva, el hombre que creó el texto, fue el espaldarazo necesario para saber que podría dedicarse a la escritura el resto de su vida. Era su tercera novela (1997) y con ella quedó finalista del Premio Nadal. Cuando la novela se llevó al cine (2003) descubrimos por primera vez el rostro angelical de María Valverde, una actriz que ya a sus 16 años nos cautivó. Y nos cuadraba perfectamente que Luis Tosar perdiera el control de su vida por ella. Un Tosar al que ya habíamos descubierto en Los lunes al sol, y esa interpretación tan cruda y real le llevó a protagonizar este film en un papel que bordaba, como casi todo lo que ha hecho este pedazo de actor al que tengo muchas ganas de ver en teatro.

 

La flaqueza del bolchevique fue la primera vez que tuve una cita con alguien que ha sido muy importante en mi vida. Cuando se estrenó (2003) yo tenía veintipocos años y el cine era una buena excusa para poder quedar con alguien que te gustaba (después ya he preferido el teatro). En aquellos años también estaba completamente subyugado por el ‘rock transgresivo’ que marcó a algunos de mi generación. Y que las canciones de mi grupo favorito de entonces -y de siempre-, Extremoduro, fuesen la banda sonora de una película de cine, de esas que se podían ver en pantalla grande, era algo que no me podía ni imaginar cuando rebobinaba sus cintas de cassette con mi boli (aunque ya habían aparecido en Barrio y El día de la bestia, pero yo desconocía eso). Perdonen mis motivos tan prosaicos, pero sólo por eso le tengo tanto cariño a este título.

 

Versión teatral

Y la última pata que faltaba por fin vio la luz la temporada pasada (si ya la toman como hilo para hacer un musical de Extremo me podría morir tranquilo). K Producciones se embarcó en llevar a cabo este proyecto que ya estaba tardando en hacerse. Incluso el propio Lorenzo Silva siempre ha manifestado que cuando escribía su obra pensaba en que tenía mayor posibilidad de ser llevada al teatro que al cine debido a la gran cantidad de reflexiones en primera persona que contiene. Pero Manuel Martín Cuenca fue el más rápido y llegó a los cines primero. Como tantas veces.

 

Tras haber estado durante un tiempo en el Teatro Lara y haber girado por nuestro país, ahora llega a los Teatros Luchana la versión teatral protagonizada por Adolfo Fernández, un actor que nunca me ha decepcionado en todos los trabajos en los que le he visto. Es el director de la obra, junto a David Álvarez (el encargado también de la adaptación) y da vida a Jaime. Susana Abaitua le acompaña sobre el escenario dando vida a Rosana, la joven nínfula que hace que el maduro Jaime pierda la cabeza.

 

Han pasado muchos años y las emociones no son las mismas que cuando vi la película, pero la obra en teatro sigue mereciendo la pena. Por las magníficas interpretaciones de Adolfo y Susana y porque el texto siempre deja huella. Siempre conviene reflexionar sobre las consecuencias que puede tener cualquiera de nuestros actos, por pequeños que sean. Es un magnífico texto sobre la venganza, la mala hostia, la desesperanza, la obsesión... Un retrato construido con un sentido del humor tremendamente mordaz y cáustico sobre la sociedad que nos rodea. Un grito sincero ahogado por la soledad. Una posible luz al final del túnel. Una luz vestida con falda de cuadros.



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