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Noticia / 2016, el año de la Liga

Más de 6.000 mujeres profesionales del teatro trabajando para revertir las lógicas de la desigualdad. Sin organización no hay revolución

 

Por Pilar G. Almansa (síguela en @PilarGAlmansa)

 

Hay años que se despiden con buenas noticias para el feminismo, y el 2016 parece ser uno de ellos. Este año quedará marcado como aquel en el que la Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro aterrizó en España, llena de energía y pragmatismo, con ganas de dinamitar las lógicas de trabajo hasta ahora existentes para reconstruirlas y hacerlas más paritarias, justas, positivas.

 

Eso fue lo que se respiró en la presentación de la LPTW, el pasado noviembre. Carolina Lapausa y Xenia Sevillano, como maestras de ceremonias, recordaron en la Sala Berlanga a las asistentes el enorme poder de la Liga: más de 6.000 mujeres profesionales de toda España, un crecimiento exponencial en redes y una capacidad de negociación real con los agentes teatrales institucionales. A eso hay que añadir una organización impecable por parte de sus promotoras: Beatriz Cabur, Yolanda Dorado, Conchita Piña, Inge Martín y Belén Santa-Olalla. Sin organización no hay revolución, ellas son la prueba.

 

Aquel día pudimos disfrutar de la actuación de Funamviolistas y conocimos que han triunfado a pesar de que les robaron ideas, las desanimaron, las empequeñecieron hasta que alguien supo ver su grandeza. Si alguien sabe sacar todo el potencial de las personas, esa es Marinma Dorado: en la presentación de la LPTW, esta coach profesional nos recordó que hay una parte del cambio que tiene que empezar por nosotras mismas.

 

Y ese cambio ya lo está dando la Liga. El 2017 empieza con la activación del Programa de Mentorías, una iniciativa única en España. No es infrecuente que una persona que esté en un estadio avanzado de su carrera ayude a otra que está iniciándose: lo que viene ocurriendo es que este mecanismo funciona fundamentalmente entre hombres. Es un sesgo inconsciente, no malévolo en multitud de ocasiones, quizá deliberado y soberbio en otras, pero en todas es completamente real. Cuando se mentoriza, se comparten contactos y experiencia. Se facilita el acceso a determinadas entidades. Se da trabajo remunerado. Que no nos extrañe, entonces, la dificultad de las mujeres para llegar a puestos de responsabilidad: los peldaños de la escalera desaparecen para nosotras. La Liga pretende, de manera completamente práctica, revertir esa lógica, poniendo en contacto a dos mujeres en diferentes estadios de su carrera para que una ayude a la otra, tanto a nivel artístico como de gestión. Es un programa serio, con compromisos concretos por fases, supervisado por el equipo de la LPTW y que dará beneficios a todas sus componentes, creando una red sólida y explícita entre mujeres como nunca antes había existido. Ninguna institución pública o privada en España ha realizado un esfuerzo consciente y organizado para que un grupo numeroso de personas encuentren puertas abiertas en su profesión, mediante una estructura de fácil acceso y ampliamente publicitada: todos deberían tomar ejemplo.

 

Si queremos un mundo más justo para todos, hombres y mujeres, también las representaciones artísticas tienen que contener la visión del mundo de ambos. Cuando nos hayamos acostumbrado a que todos los puntos de vista tengan el mismo valor, cuando la credibilidad hacia todos sea la misma, cuando se empiecen a cuestionar los hechos, a valorar los méritos y escuchar las ideas, y no a aquellos que los dicen, entonces habrá igualdad y programas como este quizá no sean necesarios. Mientras tanto, asociaciones como la Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro son imprescindibles para continuar esa larga revolución silenciosa que, parafraseando a Angela Davis, pretende implantar una única idea radical: que las mujeres somos personas. 



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